Trufa Blanca (Tuber Magnatum), trufa blanca en español o Tartufo bianco d’Alba en italiano es una especie de trufa que prolifera principalmente en las zonas italianas de Langhe y Monferrato, cerca de las ciudades de Alba y Asti en la región de Piemonte. Su nombre deriva del latín Terrae Tufer, que significa “excrecencia de la tierra”.

Desde la antigüedad ha sido un producto sumamente apreciado por egipcios, griegos y romanos, quienes les atribuían propiedades terapéuticas y afrodisíacas. También se encuentran en regiones de Istria, Croacia y Francia, pero la calidad más apreciada por su aroma intenso y penetrante son las originarias de la región de Langhe.

La trufa blanca fructifica en otoño y crece en simbiosis con encinas, castaño, robles, avellanos y nogales. Puede llegar a lograr un diámetro de 12 cm y pesar 500 gr, aunque normalmente es mucho más pequeña. Su pulpa es de color crema pálida o marrón con bandas blancas. El crecimiento de la trufa corresponde con el de un tubérculo, mientras que su forma de asociarse con los árboles es propia de un hongo.

En Italia se utilizan para su búsqueda perros entrenados especialmente para este objetivo, mientras que en Francia se usan mayormente los cerdos, que son más difíciles de controlar pues la prioridad de estos animales es poderla consumir. La búsqueda de la trufa es absolutamente artesanal y ligada a la experiencia de los habitantes de la zona, quienes conocen cada palmo del terreno donde actúan. Además, esta actividad se realiza con todo el misterio y sigilo posible: las personas salen de madrugada con sus perros evitando ser vistos.

Este es uno de los motivos de su exclusividad, ya que, hasta el día de hoy, tampoco se ha logrado cultivar o reproducir de manera exitosa. Esto lo vuelve un producto sumamente caro: durante la subasta que se organiza en Alba, alguien llegó a pagar más de €100.000 Euros por un ejemplar de 750 gr.

La mejor forma de apreciar la trufa blanca es cortándola en láminas muy delgadas con una laminadora especial. Es muy importante que se consuma fresca, pues si se cocinara con algún platillo perdería su aroma y propiedades.

Para consumirla se recomiendan platillos de sabores neutros, evitando sabores fuertes, para que su aroma se pueda apreciar plenamente. Por esto se aconseja probarlo con platillos como el carpaccio de res, un risotto parmesano ligero, unos clásicos huevos estrellados o un fettuccine con mantequilla, sin dejar de mencionar que hay quien la consume incluso con panna cotta, un postre a base de crema de leche.

¡A ustedes sólo les queda la tarea de decidir con qué platillo la prefieren!

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